Si llevas años viviendo en la CDMX y nunca has subido al Mirador del Monumento a la Revolución, este es el artículo que te va a convencer de hacerlo este fin de semana. Y si eres de los que ya lo visitaron hace años, prepárate: la experiencia de hoy no tiene nada que ver con lo que recuerdas.
Desde que se habilitó el mirador con elevador panorámico, este monumento en la colonia Tabacalera pasó de ser un ícono que se ve desde el Periférico a convertirse en uno de los miradores urbanos más espectaculares de toda la ciudad — y de los más subestimados.
¿Qué es exactamente el Mirador del Monumento a la Revolución?
El Monumento a la Revolución no siempre fue un monumento. El edificio original, iniciado en 1910 durante el porfiriato, iba a ser el Palacio Legislativo Federal — una obra faraónica que la Revolución Mexicana dejó inconclusa. Décadas después, en los años 30, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia tuvo la brillante idea de convertir la estructura abandonada en un mausoleo y monumento nacional.
Hoy, más de un siglo después de que se colocara la primera piedra, puedes subir por un elevador panorámico instalado en el centro mismo de la estructura, atravesar los niveles históricos del edificio y llegar a un mirador a cielo abierto con vistas de 360 grados sobre la ciudad. No está nada mal para un proyecto que nació inconcluso.
El recorrido por dentro: qué vas a ver
La experiencia no empieza en el mirador — empieza desde abajo. El recorrido tiene varios puntos que vale la pena conocer antes de subir:
La cimentación visible. Al entrar, puedes ver las bases originales del edificio tal como quedaron en 1910. Es uno de esos detalles que hacen que la visita valga el tiempo, incluso si no eres fanático de la arquitectura.
El gran vestíbulo. Lo que hubiera sido la sala de pasos perdidos del Palacio Legislativo es hoy un espacio imponente que te da una idea de la escala descomunal que habría tenido el edificio original.
El elevador panorámico. Sube por el centro de la estructura y, conforme ganas altura, la ciudad empieza a abrirse debajo de ti. Es ese tipo de momento que te recuerda por qué vale la pena vivir en una megalópolis.
El mirador y la linternilla. Arriba, la vista es de esas que te hacen sacar el teléfono aunque hayas prometido no hacerlo. Paseo de la Reforma, el Bosque de Chapultepec, la Torre Latinoamericana, el Ángel de la Independencia — todo en un solo vistazo.
La domo de cobre. Justo antes de llegar al mirador abierto, cruzas el espacio interior de la cúpula, cubierta por ese característico domo verde que distingue al monumento desde la calle.
Lo práctico: horarios y cómo llegar
No hay pretexto para no ir. El monumento está en la Plaza de la República, en plena Tabacalera, y tiene acceso desde varias líneas de Metro y Metrobús.
Horarios:
- Lunes a jueves: 12:00 a 20:00 horas
- Viernes y sábado: 12:00 a 22:00 horas (la vista nocturna de la ciudad desde arriba es otro nivel)
- Domingo: 10:00 a 20:00 horas
Cómo llegar:
- Metro Revolución (Línea 2), a unos pasos de la Plaza de la República
- Metrobús sobre Paseo de la Reforma, estación Hamburgo o Reforma
Tiempo recomendado: calcula entre 45 minutos y una hora, más el tiempo que quieras quedarte en el mirador.
Tips de local antes de ir
Algunas cosas que conviene saber para aprovechar mejor la visita:
Ir entre semana en la mañana es la mejor opción si quieres el mirador casi para ti solo. Los fines de semana y días festivos se llena bastante, especialmente en la tarde.
Si puedes ir un viernes o sábado antes de las 8 pm, la vista nocturna sobre Reforma iluminada vale completamente la pena — y es una experiencia muy distinta a la del día.
Arriba hay dos opciones para tomar algo: el Café Émile para un café con vista, y el Restaurante Adelita, que sirve comida y bebidas de cocina mexicana. No es obligatorio, pero si quieres hacer de esto una salida más completa, la combinación mirador + comida en Adelita es un plan redondo.
El recorrido no es accesible para personas con movilidad reducida — es importante saberlo antes de ir con adultos mayores o personas con silla de ruedas.
¿Vale la pena?
Completamente. El Monumento a la Revolución es uno de esos lugares que los chilangos postergamos por años precisamente porque “siempre está ahí” — y cuando finalmente subimos nos preguntamos por qué tardamos tanto.
Es historia, arquitectura, vistas y una perspectiva diferente de la ciudad que amas y odias en partes iguales. No está mal para una tarde de martes.
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